Addyi no es el Viagra femenino aunque muchos creen que si

Hay medicamentos que aparecen, hacen “pum” y desaparecen sin pena ni gloria. Y después está Addyi, la famosa “pastillita rosa” que se metió en un terreno que todos miraban de reojo: el deseo sexual femenino perdido. Lo que parecía un lanzamiento más terminó siendo un quilombo de ciencia, prejuicios y marketing que ni el mejor culebrón de Netflix podía igualar.

Addyi no es el Viagra femenino… y punto

Primero lo primero: olvidate de comparaciones con Viagra. Mientras que la famosa pastillita azul se dedica a poner “la maquinaria” en marcha, Addyi trabaja en la cabeza, ajustando neurotransmisores que regulan el deseo y la motivación. Su ingrediente, flibanserina, está pensado para mujeres premenopáusicas que sienten que el deseo sexual se fue de vacaciones sin avisar. No es un empujoncito romántico ni una solución para peleas de pareja; es medicina pura, y punto.

Cuando lo mirás así, deja de sonar a meme viral y empieza a parecer un medicamento cualquiera que corrige un desbalance químico.

La pelea con la FDA: drama estilo reality

Cuando Cindy Eckert —la mente maestra detrás de Sprout Pharmaceuticals— pidió la aprobación, se armó un show. Algunos decían que estaba “medicalizando” algo normal, otros gritaban “¡marketing rosa al ataque!” y varios científicos pedían más pruebas porque los efectos eran modestos y había riesgos como somnolencia o baja presión.

Pero Cindy no se achicó: volvió con más estudios y logró que la FDA prestara atención. El mensaje era simple pero incómodo: si hay decenas de tratamientos aprobados para disfunción sexual masculina, ¿por qué no uno para mujeres? Después de mucho tire y afloje, en 2015, Addyi consiguió la aprobación.

Venta millonaria y caída del estrellato

Al día siguiente, Cindy vendió su empresa por mil millones de dólares. Muchos miraron y dijeron: “Ahhh, listo, todo era por la plata”. Y para colmo, la nueva empresa subió el precio y gestionó mal la estrategia: Addyi desapareció del radar. Un bajón para una pastilla que recién empezaba a hacer ruido.

La revancha: segunda vida para Addyi

En 2018, después de un juicio largo, Cindy recuperó Sprout y volvió a tomar las riendas. Esta vez, más sobria: menos marketing rosa chillón, más evidencia y un mensaje claro sobre quién puede beneficiarse. Lo curioso: varios críticos que antes la miraban de reojo hoy reconocen que sí tiene su lugar. No es milagrosa, no sirve para todas, pero ayuda a un grupo de mujeres a mejorar su vida sexual.

El debate sigue abierto

Addyi no es una píldora mágica ni una solución instantánea. Pero logró algo que pocos medicamentos hacen: sacar un tema del silencio. El deseo sexual femenino dejó de ser un tabú y empezó a ser visto como parte real de la salud. Y aunque todavía se habla de ella con memes y chistes rosas, flibanserina demostró que algunas cosas no deberían quedarse bajo la alfombra.

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