Existe un problema al que técnicamente se lo conoce como dependencia digital. Dicho así suena más o menos a un problema psicológico que merece atención. Ahora, si lo traducimos a lenguaje callejero, no es más que una pelotudez social. Porque no nos hagamos los enfermitos: esto ya es el colmo. Siglo XXI y gente grande que anda así… dale.
El problema no es la dependencia
El problema no es la “dependencia” esa. El problema es que una persona grande, con cerebro, no hace esto. Al menos si usa dos neuronas conectadas. Alguien serio no anda de tarado con los ojos pegados a la pantalla, chocándose gente en la calle y comiéndose carteles por mirar cuántos miserables likes le dieron hace quince minutos.
No anda publicando una foto por cada pelotudez que hace. Hermano, cansa. Si no tenés una vida, comprate una, pero no hagas el ridículo a esa escala, porque ya no es expresión personal: es vergüenza ajena en alta definición.
Redes sociales que ya no son redes
Yo dejé Facebook porque ya no era una red social. Era la sucursal oficial de OnlyFans. Desde la más chica hasta la más grande, todas en la misma. Y cuando digo chica, también me pregunto dónde carajo están los padres. ¿O solo se hacen llamar padres porque así figuran en los papeles? Estamos mal. Muy mal.
Progreso según el manual del bobo
A todo esto le llaman progreso. Y si no hacés eso sos anticuado, viejo choto y todas esas excusitas sin sentido que les permiten seguir haciendo el bobo con total impunidad.
De verdad, ¿le vamos a poner un nombre tan técnico a algo tan pelotudo?
El circo de los likes
Dependencia digital. Ya el nombre me da risa de lo cursi que es y cómo abordan el tema. Como si estuviéramos hablando de algo profundo, complejo, casi poético.
Un pendejo de 15 o 19 años viviendo así no tiene dependencia de nada: es un marmota al que le gusta que medio planeta se burle de él.
Sí, porque mientras te dan like, todos se te burlan. Mientras te comparten las publicaciones, no es porque subiste algo interesante. Y ahí empieza lo grave.
Lo que subiste es tan estúpido que causa gracia, y eso habla mucho de vos. O lo compartieron para que otros vean lo tarado que te volviste en tan poco tiempo.
Preguntas incómodas
Ahora yo te pregunto, y les pregunto a todos los que padecen esta “enfermedad”:
¿De verdad creés que sos famoso?
¿Creés que alguien te toma en serio?
¿Y qué ganaste después de responder esas dos preguntas?
“Es mi vida” y otras excusas baratas
Sí, ya sé: “puedo hacer lo que se me antoja, es mi vida”, y todas esas chorradas que se te ocurren cuando tenés que defender tu postura, o mejor dicho, tus vicios. Nadie te dice qué hacer, claro que no. Pero si podés, aunque sea por un segundo, date cuenta de lo que estás haciendo con tu vida.
Las consecuencias reales
Problema 1:
Si un laburo serio ve tus estados, un trabajo como la gente no te van a dar. Un puesto importante en una empresa nunca lo vas a tener, porque no parecés un adulto: parecés un chiquilín.
Problema 2:
Tus hijos algún día lo van a ver. Y van a tener que sentir y cargar con la vergüenza de lo que hacen sus padres. Eso no se borra con likes.
Problema 3:
Seas quien seas —médico, ingeniero, adolescente, maestro, albañil —, porque dicen que la dependencia digital afecta tanto a profesionales como a gente común, lo cierto es esto: te están viendo. Donde sea que estés, alguien te ve. Y si estás con el celular paveando todo el día, es obvio que tenés demasiado tiempo al pedo y que no estás haciendo bien tu trabajo.
El costo oculto
Detrás de todo esto hay muchos problemas más, y bastante graves. Tenés el cerebro estancado, las capacidades cognitivas en caída constante, y cada vez que te dicen algo respondés con “eh”, “qué”, “no te escuché”.
Tal vez hoy no te pese tanto cargar con todas las piedras que estás metiendo en la mochila, pero un día te vas a dar cuenta de que esa mochila pesa. Y ahí vas a entender que perder el tiempo en pavadas cuesta mucho más caro de lo que creías.
La falta de criterio
Llamalo dependencia digital si querés.
Pero no nos engañemos: muchas veces no es un problema clínico.
Es falta de criterio, de límite y de vergüenza.
Lo cierto es que esto no es dependencia digital ni ninguna de esas boludeces técnicas.
Es simplemente un pelotudo que se cree avanzado. Un Homo móvil