Cuando dejes de perseguir pavadas vas a encontrar la felicidad

Aclaro desde el principio que esto no es un manual de autoayuda ni tips baratos de iluminado. No te voy a vender ninguna fórmula mágica ni te voy a decir “meditá 5 minutos y vas a ser feliz”, porque eso no pasa. Tampoco te voy a tirar la de “tu realidad es una Matrix” para sentirte mejor, porque ahí ya entramos en cortocircuito mental. Esto es más bien un razonamiento medio destartalado, de esos que cada uno agarra como puede según la mierda que tenga dando vueltas adentro de la cabeza.

Cuando dejes de perseguir pavadas vas a encontrar la felicidad

A mí siempre me llamó la atención esta obsesión con la felicidad. La gente la busca como si fuera un cargador perdido en el sillón: “tiene que estar por acá, boludo, ya va a aparecer”. Pasan los siglos, acumulamos conocimiento, inventamos el fuego, la rueda, internet, inteligencia artificial hasta en el techo… pero seguimos igual de perdidos. Persiguiendo algo que capaz ni existe como tal, o existe y es tan simple que no la queremos ver.

Y lo más gracioso es que seguimos debatiendo la misma boludez una y otra vez, como si fuera el misterio del universo: “¿qué es la felicidad realmente?” Dale maestro… ya está todo dicho desde hace como 2300 años. El problema no es que no se entienda: el problema es que es un tema más aburrido que ver llover en Misiones un domingo a la tarde.

Por qué es una hueva hablar de felicidad hoy

Mirá, hoy en día cualquiera se siente infeliz por la pavada más ridícula. La ex te dejó en visto: infeliz. No pudiste comprar el último iPhone: infeliz. Viste una foto de un asado en Punta del Este que nunca vas a pisar: infeliz. El cuerpo del otro, la plata del otro, la mina del otro, el viaje del otro. Hasta si alguien no te da like ya te sentís una mierda.

Si te miran, te molesta. Si no te miran, te sentís invisible. Si te va bien, igual la terminás cagando solito. Si te va mal, te hacés mierda vos mismo.

O sea… no hay forma. No existe nada que nos haga felices más de dos días seguidos.

Y ahí está el chiste más grande: la felicidad se convirtió en la excusa perfecta para quejarse todo el santo día. La gente no quiere ser feliz de verdad… quiere tener lo que tiene el otro. Quiere robarle la vida al otro. Todos mirando la pantalla como tarados, comparando quién la tiene más grande.

¿Quién carajo va a ser feliz si lo único que hacemos es envidiar a los demás?

Encima después conseguís algo y te dura dos días la euforia. Dos putos días. Tanto drama, tanto “quiero ser feliz”, tanto pamento… para sentirte contento 48 horas y después volver a la misma mierda, porque ya apareció algo más nuevo, más caro, más lindo. Otra zanahoria colgando adelante de tu cara… y de vuelta a correr como zombi por otra pavada que se te ocurrió o que viste que tiene el otro.

Y acá viene la pregunta clave: ¿quién y cuándo te dijo que los demás son felices, como para que vos vayas corriendo atrás de lo que tienen?

¿Qué clase de tarado cree que cualquier cosa es felicidad? Y como cualquier cosa es felicidad… terminamos sufriendo por cualquier cosa.

Y ahí está el problema: cualquier cosa es “felicidad”. Y si cualquier cosa es felicidad… entonces nunca vas a ser feliz, porque siempre va a faltar algo.

Y cuando digo cualquier cosa, me refiero a cualquier cosa posta: el auto, la casa, el éxito, la comida, el novio, la novia, el intelecto, la inteligencia, el negocio, el trabajo, la fama, los ahorros, el celular, las cuentas bancarias, el sueldo, los hijos… y si eso no alcanza, terminás envidiando hasta al tonto que no tiene nada, solo porque parece más tranquilo que vos. Porque cuando tu cabeza está rota, no importa lo que tengas: siempre va a encontrar algo para decirte que te falta algo.

Y si siempre te falta algo… no sé… imaginá lo lejos que estás de la felicidad, hermano.

Entonces queda claro que el primer paso para ser feliz sería tan simple como dejar de ser tan pelotudo.

Y acá hay un punto clave, porque tenés que entender que no es lo mismo la idea de felicidad que la felicidad en sí. La idea es lo que te vendieron, lo que te contaron, lo que te enseñaron… y vos, como pavote, la compraste completa. Y ahora vivís persiguiendo eso como un burro atrás de una zanahoria, y claro: terminás infeliz el resto de tu vida.

Y sí… es una lástima, pero ya te cagaron.

Ahora, si querés entender la felicidad y dejar de vivir como un energúmeno, es mucho más simple de lo que parece: basta con hacerte cargo de lo que sos. Sin cuentos, sin excusas, sin “pero”. Sos lo que sos, tenés tus límites, tu lugar en el mundo… y listo.

Porque si no estudiaste nada, es ridículo pensar que podés ser diputado. Y si no te capacitaste en nada, es casi absurdo creer que vas a sostener una vida de lujo. No es mala suerte, no es el universo, no es “la sociedad”: es matemática básica.

Cero más cero es cero. No es tan difícil de entender. Y uno más uno es dos… pero tampoco te creas que con eso ya sos Bill Gates.

Esto no es soberbia ni chamuyo de iluminado. Te lo digo simple: si dejás de perder tiempo en boludeces que te venden como “felicidad” y te ponés a estudiar en serio, te vas a dar cuenta rápido que hace más de 2300 años Aristóteles ya había entendido este tema mejor que todos nosotros. 2300 años.

Qué carajo decía Aristóteles de esta gilada

Aristóteles no era ningún pelotudo. No vendía humo, no te quería motivar, no te quería sacar plata con cursitos. El tipo no compraba cuentos tampoco. Miraba la realidad como era, sin maquillaje… y ya lo tenía clarísimo mucho antes de que tu tatarabuela anduviera en carreta.

Aristóteles decía que hay tres formas de vida.

La vida del placer

La mayoría vive a puro impulso, como si fuera un animal. Comés, garchás, scrolleás, comprás mierda, repetís.

Traducción: si creés que ser feliz es dejarte llevar por cada gustito que te cruza la cabeza… felicitaciones, sos un tarado.

La vida política

Acá Aristóteles ya decía que no hay vida más miserable que la del político, porque es vivir buscando felicidad en honores, plata, aplausos, fama, seguidores, validación ajena. Es básicamente: “soy feliz porque no valgo nada, pero mirá cómo me aplauden”.

Traducción: si querés ser feliz a base de aprobación y aplausos, lo más probable es que la termines cagando. Ya estás frito. Aristóteles ya te lo decía en el 300 a.C.: vivir esperando que te validen es de gil. Y nosotros seguimos igual… pero ahora con emojis, fotos falsas y likes. No aprendimos una mierda.

La vida contemplativa

La más alta, según Aristóteles, es la que usa la cabeza: vivir con razón, pensar, actuar con conciencia. Entender que la felicidad no depende de tener más juguetes, ni de perseguir cualquier pavada que se nos ocurre. Que la felicidad es un fin en sí mismo, no un premio que te dan por comprar cosas.

Traducción: dejá de ser un pajero corriendo atrás de lo ajeno. Sentate un minuto y pensá qué carajo querés vos de verdad. Dejate de inventar la felicidad, dejá de llorarle a la vida. No seas tan malagradecido. Querete un poco, aunque sea.

La felicidad a lo largo de la historia humana

Para que veas de lo que hablo, acá te tiro un salpicado. No me voy a poner a escribir 200 kilómetros de texto, tampoco soy tu esclavo. Te dejo la lista y listo.

Y si algún día querés ser feliz de verdad, o por lo menos dejar de sufrir como un boludo, hacé esto: volvés a esta nota, agarrás un nombre de la lista, dejás de mirar idioteces cinco minutos, y te ponés a leer un libro como la gente.

Y ahí recién vas a entender qué carajo pensaban los grosos de la historia sobre la felicidad. Porque sí, antes de que TikTok inventara la “felicidad” en 15 segundos con musiquita de fondo, este tema ya se discutía hace miles de años.

Acá tenés a los más importantes que tocaron el tema, con año aproximado… porque algunos vivieron hace tanto que ni ellos sabían bien en qué fecha estaban.

Sócrates (470–399 a.C.)

  • Hablaba de que la felicidad viene de vivir bien y con virtud, no de tener cosas.
  • “Conócete a ti mismo” era su forma de decir: dejá de hacerte el boludo.

Platón (427–347 a.C.)

  • La felicidad como resultado de una vida ordenada, con razón dominando deseos.
  • Para él el placer es trampa.

Aristóteles (384–322 a.C.)

  • El rey del tema.
  • La felicidad = Eudaimonia, vivir según la razón, excelencia, virtud.
  • No es emoción: es forma de vida.

LOS ESTOICOS (los que te dicen “bancátela”)

Epicteto (50–135 d.C.)

  • Felicidad es no depender de lo que no controlás.
  • Si dependés de lo externo, sos esclavo.

Séneca (4 a.C. – 65 d.C.)

  • Felicidad es vivir con virtud, sin ser esclavo de deseos.
  • Muy “no seas pelotudo con la ambición”.

Marco Aurelio (121–180 d.C.)

  • Felicidad es aceptar la vida como viene, y mantener mente firme.
  • Filosofía para sobrevivir sin volverte loco.

EPICÚREOS (Si entandes que es todo joda, alquílate un cerebro)

Epicuro (341–270 a.C.)

  • Felicidad = placer, pero placer inteligente: tranquilidad, poco miedo, pocas necesidades.
  • No era fiesta, era minimalismo mental.

CRISTIANISMO (felicidad pero después de morirte)

San Agustín (354–430 d.C.)

  • Felicidad real solo en Dios.
  • Lo humano siempre te deja vacío.

Santo Tomás de Aquino (1225–1274)

  • Felicidad imperfecta en la vida.
  • Felicidad perfecta en lo divino.

MODERNOS (cuando empezó el “qué sentido tiene todo”)

Montaigne (1533–1592)

  • Felicidad es vivir simple, aceptarte y no dramatizar tanto.

Spinoza (1632–1677)

  • Felicidad es comprender la realidad, dominar pasiones.
  • Cuanto más entendés, menos sufrís.

David Hume (1711–1776)

  • La felicidad es humana, emocional, social.
  • La moral y la felicidad vienen del sentimiento, no de la lógica pura.

Rousseau (1712–1778)

  • Felicidad natural se arruinó por la sociedad.
  • “Antes éramos más felices, ahora somos caretas”.

UTILITARISTAS (felicidad como matemática)

Jeremy Bentham (1748–1832)

  • Felicidad = placer - dolor.
  • Lo quiso medir como si fuera una factura.

John Stuart Mill (1806–1873)

  • Felicidad sí, pero no cualquier placer:
  • mejor ser triste inteligente que feliz ignorante.

LOS OSCUROS (los que te tiran la posta incómoda)

Schopenhauer (1788–1860)

  • Felicidad no es algo que se alcanza, es ausencia de sufrimiento.
  • La vida es deseo, y el deseo es condena.
  • Año clave: 1818 (El mundo como voluntad y representación)

Nietzsche (1844–1900)

  • No busca “felicidad” como paz, busca poder, fuerza, superación.
  • La felicidad es sentir que creces, aunque duela.
  • Año clave: 1883–1885 (Así habló Zaratustra)

PSICOLOGÍA MODERNA (cuando la ciencia se metió)

Sigmund Freud (1856–1939)

  • La felicidad plena es imposible.
  • Lo máximo es cambiar sufrimiento neurótico por sufrimiento normal.
  • Año: 1930 (El malestar en la cultura)

Viktor Frankl (1905–1997)

  • No importa felicidad, importa sentido.
  • Si tenés sentido, aguantás cualquier cosa.
  • Año clave: 1946 (El hombre en busca de sentido)

Hasta acá el salpicado de los pensadores más importantes de la historia.

Bueno ya me cansé. Si con esos no te alcanza, buscá otros que traten este tema. Además de infeliz, no seas tan vago.

Como habrás visto, todos dicen más o menos lo mismo. Cambian algunos detalles, pero es lo mismo.

La felicidad no es una meta mágica ni un objeto que se consigue. Es un estado mental. Una forma de vivir. Un respeto hacia uno mismo. Y no, no es una necesidad.

Porque el que vive necesitando ser feliz, ya está condenado: siempre va a estar persiguiendo algo, mendigando placer, buscando validación, queriendo llenar un vacío que no se llena con nada.

La felicidad no se compra, no se mendiga, no se exige. Se construye.

Y si no entendiste eso, no es que te falta suerte… te falta cerebro.

Por qué nunca vamos a ser felices (y no es por decreto divino)

¿Por qué nunca vamos a ser felices de verdad? Y mirá, la verdad es que no es que esté escrito en piedra ni que algún dios sádico nos haya condenado a la miseria eterna. No. El quilombo es mucho más simple y mucho más ridículo: cada vez miramos más afuera, más lejos, como si fuéramos zombis caminando hacia el horizonte. Así de triste... patético.

Estamos convencidos de que cuando alcancemos el horizonte, la tierra se va a volver plana, el dolor se va a evaporar, la magia va a hacer realidad nuestras pelotudeces y por fin vamos a poder ser importantes sin hacer una mierda nunca más.

Y cuando digo “laburar” no me refiero solo a la plata, aunque obvio que tenés que laburar de algo, sino te vas a cagar de hambre. Hablo del trabajo interior, el verdadero, el que casi nadie quiere hacer.

Ese que te obliga a mirarte al espejo sin mentirte, a reconocerte como ser humano con todas tus pavadas incluidas, a entender quién carajo sos realmente y avanzar paso a paso reconociendo tu lugar en todo este quilombo.

No por conformismo barato de “bueno, esto es lo que me tocó”. No.

Por respeto a vos mismo y también a los demás. Porque el día que te querés un poquito, medio mundo deja de joderte… no porque el mundo cambie, sino porque vos dejás de mendigar aprobación.

Y porque cuando no hacés ese trabajo, seguís siendo un zombi más caminando hacia un horizonte que nunca llega, envidiando, quejándote y creyendo que la próxima compra, la próxima mina, el próximo like, el próximo viaje o el próximo político te va a salvar.

Y mientras tanto, el horizonte sigue tan lejos como siempre.

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